jueves, 23 de noviembre de 2006

VIRTUDES

Las virtudes de la Mamacoca

Sílvia Marimon
Es una hoja pequeña, oblicua, de un color verde oscuro, algo insípida y con regusto amargo. Sus más fervientes defensores descubren a los neófitos, entre los que me incluyo, que esta hoja, aparentemente insignificante y con un nombre que arrastra muy mala fama, tiene un raudal de virtudes y que nada tiene que ver con la cocaína. La hoja de coca cura, alimenta y estimula, aseguran los organizadores de Mamacoca. I Feria Íbera del Akhuliku Andino.

Ayer y hoy, el auditorio de la Facultad de Filosofía y Letras de la Autónoma es un desfile continuo de indígenas bolivianos, políticos, psicólogos, antropólogos y científicos que abogan por la despenalización de la hoja de coca. Quieren que se pueda vender en cualquier lugar del mundo. A quien no necesitan convencer es al presidente de Bolivia, Evo Morales. Él no titubea y lanza, en una carta de apoyo a los organizadores del evento, la siguiente pregunta: "¿Qué es lo que tiene el ginseng que no tenga la coca?".

Morales enumera en la carta una inacabable retahíla de virtudes: es digestiva y desinflamatoria, calma el dolor de cabeza y de muelas, previene la diabetes, la utilizan los comunicadores para la afonía... En definitiva, la coca puede con todo. El Grup Associat pels Serveis de Salut (Gass) llevaba dos años preparando la feria. Su portavoz, Eduard Casas, es un ferviente defensor de la utilización de la hoja para combatir la adicción a la cocaína. "Estamos en el país con más cocainómanos de Europa, el uso tradicional de la coca podría acabar con la epidemia", sostiene

La feria de la coca no podía empezar sin un ritual. Ramón Álvarez, un callahuallasal de La Paz, descendiente de una estirpe de hombres medicina, es el encargado de pedir permiso a la Pachamama (Madre Tierra) de Barcelona. Álvarez explica que toda ciudad tiene su Pachamama, incluida la capital catalana. En la mesa, un feto de llama -no se asusten, los organizadores aseguran que en época de lluvias estos animales abortan fácilmente y que no se ha realizado ningún tipo de sacrificio-, plumas, cerveza, una concha, lanas multicolores y hojas de coca. Al acabar la ceremonia, suben al escenario las autoridades: el alcalde de Cerdanyola, el ecosocialista Antoni Morral; la vicerrectora de relaciones institucionales de la universidad, Montse Unzeta, y el diputado boliviano Asterio Romero. Álvarez insiste en darles una hoja de coca y les persuade con el argumento de que la coca no hace daño a nadie. Algunos ponen caras de circunstancias, dudan: la cojo, no la cojo, y al final optan por meterla en el bolsillo de la americana.

No todo han sido apoyos. Los organizadores critican a la Agencia Española del Medicamento y Producto Sanitarios porque no les ha dejado traer hojas de Bolivia para una exposición. Tampoco la Diputación, aseguran, ha querido saber nada del asunto. Pero sí han recibido dinero del Departamento de Salud de la Generalitat. ¿Será que Geli es más progre que Corbacho?

Uno de los invitados más activistas se pasea con una bolsa de plástico, de color verde, llena a rebosar de hojas de coca. Es Silvia Rivera, profesora de Sociología de la Universidad Mayor de San Andrés, en La Paz. Ha hecho feliz a un hombre que ha venido desde la Floresta para comprar hojas de coca. No se podían poner a la venta, pero Silvia le ha regalado unas cuantas para infusiones. Silvia va repartiendo hojas de la planta que cultivan los indígenas de su país. Previamente echa su aliento a la hoja, tres veces. Es parte del ritual. Después explica cómo hay que "saborearla". Se tienen que colocar unas cuatro hojas al lado derecho de la boca y mantenerlas ahí, como si fueran un caramelo, durante una media hora. Después hay que escupirlas. Silvia aconseja que la expectoración se efectúe sobre la tierra o al mar, y no en una basura cualquiera. Esta cronista se atreve con el experimento, aunque reduce la dosis de cuatro a dos hojas. La hoja es un poco insípida, algo amarga, y le doy la razón a Morales, los efectos son los de un café... Afortunadamente, no hay ningún paseo acuático por las cloacas, como el de Ewan McGregor en Trainspotting. Pero discrepo en que la coca mata el hambre, tras la experiencia me entra mucho apetito.

Sus defensores insisten que es el mejor alimento. Tiene más calcio que la leche, más hierro que las espinacas e igual de fósforo que el pescado. De hecho, Bolivia ha empezado a exportar harina de coca a Cuba y Venezuela para combatir el hambre. Hay mate de coca, galletas de coca, jabón y champú de coca... y un sinfín de recetas: apio con coca, lasaña de coca, pastel de zanahoria y coca, turrón de coca, barritas energéticas de coca... todo un mundo para descubrir. Y ahí va la advertencia de uno de los invitados de la feira: en cuanto se consiga la despenalización de la coca, Coca-Cola se va a la ruina.