miércoles, 4 de octubre de 2006

El New York Times aplaude a Evo

Transcribo el siguiente POST a pedido de AvV. Me parece una buena reflexión.

Pablo


El bufon: "La prensa de Bolivia me censura. Mucho le agradeceré la difusión de esta nota si lo considera conveniente. Muchas gracias.

El New York Times aplaude a Evo

Arturo von Vacano

La prensa de Bolivia me censura. Mucho le agradeceré la difusión de esta nota si lo considera conveniente. Muchas gracias.

El New York Times aplaude a Evo

Arturo von Vacano

No acababa yo de reírme de las tonterías que escriben algunos comentaristas pequeño burgueses que se placen en morder los talones de Evo cada vez que Evo habla al mundo, cuando vengo a leer este domingo 24 de septiembre en el New York Times un comentario que aplaude al primer Presidente indio de Bolivia tras su discurso en la ONU.

No será esta la primera vez en que aplaudo yo a Evo por tirar al canasto las manidas frases que le preparan asistentes “diplomáticos” y preferir las palabras que salen de su corazón y de su conciencia para hablar al mundo como si fuera su familia inmediata.

El mundo, cansado de escuchar bobadas y cansadas fórmulas, reacciona siempre de modo positivo ante las emociones de Evo porque, aunque lastiman el español (idioma foráneo para él, al fin de cuentas) llegan mucho más lejos que cualquier discurso enlatado gracias a la fuerza y la justicia de sus convicciones. Hablará “mal” para esos burgueses diminutos que le critican su poca elegancia, pero habla muy bien para un mundo que ve en Evo mucho de admirable a pesar de sus dificultades con los usos “diplomáticos”.

También esta vez, mientras en Bolivia dos o tres “periodistas” le atacan porque no es Churchill, seis o siete agencias internacionales, diez o doce periódicos de circulación internacional, 15 o veinte radios y estaciones de TV han aplaudido y elogiado a Evo porque dice verdades como catedrales. Sólo los tontos de capirote o los bellacos de mala fe si fijan más en el envase que en el contenido de los mensajes que Evo lleva al mundo.

La sola hazaña de haber puesto a Bolivia en el mapa universal tras su gira por el mundo debió haber merecido el aplauso y la gratitud de todos los bolivianos decentes. Yo mismo me vi beneficiado en forma indirecta cuando el interés por Evo y Bolivia en USA agotó la segunda edición de mi “Biting Silence” en dos semanas. Valga la ocasión para agradecérselo desde aquí.

¿Van a decir que Expocruz no se beneficia con la imagen de Evo? El interés mundial por Bolivia se ha multiplicado por diez mil: basta ver la cantidad de artículos y fotografías que aparecen en diarios y revistas del mundo todo y semana a semana. Nunca antes aparecieron el Gonicito, el Tuto ni otros canallas del mismo calibre en esa prensa. Antes, Bolivia estaba en la luna y muchos creían que era un lugar de ficción.

Es de esperar que ahora, cuando esos “periodistas” locales con buenos compinches entre los enemigos del país pueden ver los efectos de la verba de Evo, se decidan por fin a abrir los ojos, meterse su racismo despreciable donde deben meterselo e intenten levantar la vista para ver los días actuales con ojos, si no de historiador, por lo menos de personas honestas.

En fin, esta es la nota del NYT que aplaude al Presidente de Bolivia. La traduzco sin más ni más.

Septiembre 23, 2006

LEYENDO LAS HOJAS DE COCA

Por JOHN TIERNEY

El discurso más interesante en las Naciones Unidas esta semana fue, lamento decirlo, el de Evo Morales de Bolivia.

No digo que fuera un discurso bueno, ni siquiera coherente. Eso sería mucho pedir a los gobernantes del mundo en ese maratón de gas anual. La calidad de la retórica es (allí) extremadamente baja. Morales, como su amigo Hugo Chávez, gastó demasiado tiempo desvariando sobre un nuevo orden mundial basado en políticas económicas que han logrado tantas maravillas en Cuba.

Pero Morales trajo al menos una ayuda visual — y gracias a Dios, no fue un libro de Noam Chomsky. A diferencia de Chávez, no asignó tareas de lectura a la ONU. En vez, presentó una hojita verde de coca y, cuando habló de políticas internacionales sobre drogas, habló con mayor lógica que cualquiera que trabaje parea el gobierno de Estados Unidos.

(USA) ha sacrificado la vida de soldados y gastado miles de millones de dólares tratando de impedir que los campesinos cultiven coca en los Andes y opio en Afganistán y en otros países. Pero esas cosechas continúan aumentando y en Estados Unidos el precio en la calle de la cocaína y la heroína ha bajado mucho durante las ultimas dos décadas.

Entretanto, (los norteamericanos) hemos estado ayudando a terroristas y a otros enemigos en el exterior. El Senado ha aprobado el envío de más dinero para programas destinados a reprimir a los cultivadores de opio, cuyo descontento es explotado por un resurgente Taliban. En los Andes, la política norteamericana sobre drogas enfureció tanto a los bolivianos que eligieron a Morales, un ex dirigente de los cultivadores de coca que hizo su campaña para la presidencia sobre la retórica anti-norteamericana que repitió esta semana.

Denunció ante la ONU “la colonización de los pueblos de los Andes” por un intento imperialista de criminalizar la coca. “Se ha demostrado que la hoja de coca no daña al ser humano”, dijo, una declaración que se acerca mucho más a la verdad que la opinión de Washington sobre esas hojas. El polvo blanco que se vende en las calles norteamericanas es peligroso porque es una forma muy concentrada de la cocaína , pero cualquier otra substancia puede ser peligrosa en dosis suficientemente altas.

Los sudamericanos acostumbran beber te de coca y mascar hojas de coca. La ínfima cantidad de cocaína de cada hoja es un leve estimulante y supresor del apetito que es menos amenazadora que el café y las colas; de hecho, puede ser menos adictiva que la cafeína, y en buena cuenta puede hasta ser buena para usted y yo. Cuando la Organización Mundial de la Salud pidió a los científicos que investigaran el te de coca durante los 1990’s, dijeron que no parecía ser causa de problemas de salud y podría dar resultados beneficiosos para la salud.

Pero los funcionarios norteamericanos combatieron la publicación de ese informe y la reducción de las restricciones contra los productos de coca, del modo en que resistieron contra las propuestas de permitir que los cultivadores afganos vendieran opio a las empresas farmacéuticas en lugar de venderlo a los narcotraficantes aliados con el Taliban. La política norteamericana es continuar atacando los cultivos aunque ello empobrece a los campesinos o, lo más típico, les hace delincuentes.

La prohibición contra las drogas en Bolivia y Afganistán ha hecho exactamente lo mismo que hizo la prohibición del alcohol en Estados Unidos: ha financiado el crimen organizado.

La única solución efectiva es el rechazo de esa prohibición. Dar a los cultivadores afganos de opio una oportunidad de venderlo para que se lo use como medicinas contra el dolor; dar a los campesinos de los Andes un mercado internacional legal para sus cosechas y productos como la goma de mascar, pastillas, jabones, tés y otras bebidas. Como propone Ethan Nadelmann, de la Drug Policy Alliance, “Poner otra vez la coca en la Coca-Cola.”

Es lo que quiere también Morales, y tiene razón cuando se queja contra los imperialistas norteamericanos que criminalizan una substancia que ha sido usada durante siglos en los Andes. Si los gringos abusan de un producto hecho de hojas de coca, ese es un problema que Estados Unidos debe solucionar dentro de su casa. El modo más efectivo en cuanto a costo son los programas de tratamiento contra las drogas, no esos esfuerzos inútiles de recortar la oferta.

Norteamérica hace muchas cosas que son malas para la salud de otros pueblos, como los grasosos Big Macs, la Coca Cola y sus azúcares, los letales Marlboros, pero nunca ha permitido que los extranjeros nos digan lo que debemos hacer o no hacer. Los sauditas pueden combatir el alcoholismo prohibiendo la venta del Jack Daniels, pero diríamos que están locos si nos ordenaran acabar con nuestras plantaciones de cebada en el estado de Tennessee.

Estarían más locos aún si trataran de destruir todas las plantaciones de cebada del mundo, pero eso es lo que intenta hacer nuestra política sobre las drogas. Creemos que podemos resolver nuestro problema con la cocaína al acabar con la hoja de coca, pero todo lo que hacemos es dar más poder a demagogos (un gringo escribe esto, recuérdelo usted) como Evo Morales. Nuestros guerreros de las drogas le dieron ese poder. Por eso puede ahora decir lo que dice al mundo.